Porque no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve...
-2ª a los Corintios 4.18
Adoraba ir de compras para aprovechar los descuentos. Bordé regalos para mis amistades y un mantel para la mesa de mi casa. Adoro las artesanías. Amo mi iglesia, mi escuela dominical, y las amistades de mi grupo de oración. Pero hace ocho meses un derrame cerebral cambió mi vida. La artritis en mis manos hace que mis tareas sencillas sean difíciles. Tengo 76 años, y la mayor parte del tiempo estoy encerrada en la casa.
Aunque somos creados para aferrarnos firmemente a la vida, Dios no tenía la intención de que vivamos en este mundo para siempre. He perdido mucho de lo que en una ocasión atesoré, pero también he ganado mucho. Eclesiastés 3 nos recuerda: «En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre:…Un momento para guardar, y un momento para tirar...» (Versículos 1 y 6). La edad y la incapacidad pueden reducir el temor de perder esta vida y nos preparan para contemplar la próxima. Tenemos una decisión que tomar: ¿Pasaremos los días que nos quedan sufriendo por las cosas del pasado, o los pasaremos buscando las cosas de Dios? Esas cosas eternas, invisibles nos mantendrán cerca de Dios.
Sra. Betty J. Clelland (Oklahoma, EUA)
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