Uno de los trazos fuertes de nuestra cultura es el consumo de bienes materiales y simbólicos. La sociedad consumista en que vivimos no se cansa de presentar promesas de felicidad en productos de los más diferentes tipos para los más diversificados gustos: coches, ropas de marca, paquetes de viaje, electrodomésticos, cosméticos, computadoras de última generación, etc.
Muchas personas prueban satisfacer el deseo de felicidad llenándose de "cosas". Sin embargo, cuanto más se llenan, más sienten necesidad de algo que las satisfaga. En realidad, sucede lo que afirma Viktor Frankl: "en nuestros días un número cada vez más grande de individuos
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